domingo, 14 de enero de 2007

LAITAKAUPUNGIN VALOT (Luces al atardecer)

I
Laitakaupungin valot hace proselitismo de una recurrente percepción pesimista de la realidad: asume que la bondad y el fracaso son hechos objetivos y defiende además que son indisociables. El problema es que el exceso de fe en dicho mensaje parece cegar la mente de un director que plano a plano hace que su película caiga en una colección de tópicos formales.
Anomia

II
Entiendo su juego de géneros. Entiendo que la femme fatale debe ser rubia, que el protagonista es un pobre desdichado convertido en falso culpable, entiendo que su amiga fiel no sea más que una vendedora de perritos calientes. Entiendo los códigos y cómo juega con ellos. Entiendo que esto es un filme noir pasado por el filtro del melodrama. Pero su humor no me llega y su intriga no me tensa, pues me parecen los resultados de un collage hecho con prisa, cuyos retazos de periódico no acaban de formar parte de ningún “todo”.
Tom Courtenay

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Mentre que en les seves pel·lícules anteriors a tots els personatges s'enfrontaven a un destí fatal del que no es podien escapar, aquest es busca la seva pròpia desgràcia... i d'aquí la falta d'empatia.

Anónimo dijo...

Me creo capaz de empatizar con cualquier personaje. Sólo es necesario que quién que me cuenta la historia sepa disponer las piezas adecuadamente.
Así que me resulta increíble que Kaurismäki pretenda que vivamos el drama de su película habiendo en ella secuencias rodadas como un gag metafilmico del estilo de "Agárralo como puedas".
Para ser una comedia quizás le falta un poco de ritmo.

Anónimo dijo...

Ni humor ni intriga están en las intenciones de Kaurismäki, de eso no cabe duda. Quien pretendiera encontrar eso en Laitakaupungin Valot está claro que se habrá llevado un buen chasco.

Anónimo dijo...

Entiendo que el “todo” frío de Laitakaupungin Valot pueda resultar intransigente, radical, pálido hasta lo enfermizo, y entiendo que muchos no lo disfruten, pero es un “todo”. Es un “todo”, además, que cuenta con gran coherencia entre intención y forma (en el tratamiento de esa ristra de tópicos que pueden molestar o no, pero que son piezas útiles del discurso la mar de expresivas).Hablo de mí, ¿a qué secuencias te refieres?

Anónimo dijo...

Yo he visto Laitakaupungin Valot como quien mira una caricatura (¡ni drama ni comedia!), no de las que hacen reír, sino de las grotescas, las que te sacan una sonrisa de medio lao. Lo absurdo, lo surrealista de esa colección de tópicos dentro de la Gran Depresión Nórdica, de la literatura rusa más desesperanzada me parece de una gran plasticidad.

Anónimo dijo...

Estoy muy de acuerdo con "gadjo dilo". En "Luces al atardecer" no hay nada de lo que hace que podamos vibrar como en una película corriente: imposible empatizar con el protagonista porque, para empezar, ni siquiera podemos entender su comportamiento autodestructivo; imposible también poder hacerse una idea de lo que pase a continuación, con lo que no puede haber suspense.

¿Qué nos queda, entonces? A mi me queda la fascinación, plano a plano, de una puesta en escena ascética y epatante. Disfruto muchísimo con ese mundo robotizado y delirantemente pesimista que propone y en esta película lo he encontrado en estado puro.

Anónimo dijo...

No fueron la frialdad o el pesimismo o las convenciones de género de la película lo que me impidieron disfrutarla, fue el exceso de adornos y subrayados en la realización lo que me distanció de ella. Creo que recrearse con la cámara de una manera tan manida convierte cualquier discurso en un gran chiste.
¿Esa era la intención del director? Siempre me reservo esa posibilidad por difícil que pueda parecer. Pero no me da la sensación de que el director quiera que nos tomemos a broma su pesimismo, aunque ojalá.
¿Lo que hay que hacer es disfrutar de la estética del mundo que se nos retrata? Con un poco de autosugestión ese argumento vale para que nos guste cualquier cosa, pero sí ¿por qué no?